Yo prefiero las caras

Con mi amigo y compañero de aventuras fotográficas Néstor, solíamos hacer salidas a parajes o zonas naturales para sacar fotos.

La belleza natural de algunos paisajes, una buena composición y unos retoquecitos en la compu suelen arrojar buenos resultados finales.

Pero luego de muchas salidas (e incluso vacaciones) destinadas a sólo a la captura de imágenes en paisajes vírgenes, siempre termino separando 3 o 4 fotos. ¿Un acto reflejo?… ¡naaa!…. Esas 3 o 4 fotos suelen gustarme más que los 500 paisajes que capturé.

No hay vuelta que darle. Somos seres sociales y la aparición de una persona en la imagen cambia totalmente el sentido de un disparo. (… y si, en esas 3 o 4 siempre hay rostros).

En el disco duro de mi PC tengo miles de fotos de paisajes. Lugares hermosos, exóticos y “fotogénicos”. Pero cada vez que los veo me aburre un poco. Eso me hace pensar en que para ser un buen fotógrafo de paisajes hay que tener varias dotes, pero principalmente: Ser paciente, saber componer y saber procesar.

Definitivamente no soy bueno para los paisajes. Hay que trabajar demasiado para que una imagen tenga impacto. Creo que por eso amo fotografiar gente. Hacen el aporte semántico que tanto cuesta conseguir en otro tipo de fotografía.

La expresión, el contexto, las miradas… materia prima en estado puro para que los foteros hagamos reconstrucciones y reinterpretaciones expresadas a través del ojo de nuestra cámara.

Fotografiar personas te permite construir, reconstruir y deconstruir sentidos.

Las personas tienen una fuerte carga simbólica, demasiado atractiva para dejarla pasar. Arrastran historias, vivencias y mundo de la vida.

Por eso es que un buen día me dije: “el paisaje no es para mi. Yo prefiero las caras”.

Anuncios