Hora de cambiar

Hace más o menos un año y medio que convivo con mi Nikon D60. Es una reflex de gama baja o de entrada que cumplió fielmente ese rol conmigo: me hizo entrar al mundo de la fotografía.

La relación entre el humano y la máquina se hace muy estrecho en esta clase de actividades, dónde básicamente dependemos del aparato para poder llevar adelante nuestra tarea. Es algo así como la relación camionero – camión.

Amo mi Nikon, pero ya tengo decidido mi pase a Canon hace tiempo. Por esa razón descarté mis planes de compra de objetivos y accesorios nikon, y fui vendiendo los objetivos que tenía. Es hora de darle el relevo a mi querida D60.

Los fundamentalistas de la marca amarilla estarán decepcionados de mi actitud, pero considerando mis necesidades, Canon se adapta mejor a ellas. No soy de los que se pone la camiseta de una marca, incluso coquetee con la refinada Pentax K20D, pero finalmente y luego de muchas vueltas, me decidí por la Canon 7D. Obviamente no hay nada dicho y si el bolsillo no me lo permite, me voy a inclinar por la 50D o la inigualable D90 de Nikon.

A mi parecer la 7D está al tope del segmento. Es a lo más alto que se puede aspirar dentro del formato medio o de sensores APS-C.

Esta necesidad de cambiar apareció hace tiempo, pero ahora que intento desarrollarme como fotógrafo con más seriedad y profesionalismo, los detalles son determinantes, y el fin de semana lo descubrí.

Antes del sábado a la noche me molestaban algunos detalles de mi cámara: que es pequeña y dificulta el agarre, la ausencia de live view, captura de video o la ausencia de algunas funciones como bracketing. Nada que no me permitiera seguir sacando fotos con normalidad.

Durante el fin de semana una productora me encargó tomar fotos sociales de una fiesta y allí me topé de nuevo con las verdaderas limitaciones de mi equipo. El respetable nikkor 18-155mm f/3.5 – 5.6G ED, versátil, pero oscuro en algunas focales, junto a mi D60 tuvieron una extenuante jornada.

La luz de todas las locaciones y del salón era escasísima y me obligó a trabajar en sensibilidades altas. Opté por trabajar a 800 ISO y hacer la vista gorda al ruido que esta genera, con tal de ganar un par de puntitos de velocidad en la obturación.

Pese a que el resultado de las fotos fue bastante satisfactorio, me estoy volviendo bastante obsesivo con el tema del ruido en sensibilidades altas. La D60 ofrece un buen control, pero pasando las 400 iso es notable la perdida de calidad en las imágenes.

-Llegó la hora del cambio, de pegar el salto- me dije, quizás con más ánimo de apostar a esta pasión, o quizás buscando justificar la inversión que representa la 7D.

Sea como fuere, ya estoy jugado.

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